Estación 21 · Barroco

21. San Mauro camina sobre las aguas

Nos encontramos ante uno de los episodios más sorprendentes de la vida de san Benito.

El santo fundó su primer monasterio en Subiaco, cerca de un lago. Y es precisamente aquí donde tiene lugar el milagro que representa este cuadro.

Hay tres protagonistas. Reconocerás fácilmente a san Benito porque es el único que lleva aureola. Junto a él aparecen dos monjes: Mauro y el joven Plácido.

La historia comienza con una escena muy cotidiana. Plácido baja hasta el lago para recoger agua con una jarra de metal. Pero se distrae, resbala… y cae al agua. La corriente lo arrastra hacia el centro del lago.

San Benito se da cuenta inmediatamente y pide a Mauro que corra a salvarlo.

Fíjate ahora en la composición del cuadro. El pintor no representa un único instante, sino tres escenas distintas reunidas en una misma pintura.

En el ángulo superior derecho vemos a san Benito señalando con la mano el lugar donde Plácido se está ahogando. A su lado está Mauro, que acepta el encargo y sale inmediatamente en su ayuda.

El relato cuenta que Mauro echa a correr… y, sin darse cuenta, comienza a caminar sobre las aguas.

Dirige ahora la mirada hacia la parte inferior izquierda del cuadro, donde encontramos el momento culminante de la historia. Mauro llega hasta Plácido, que ya se está hundiendo, y lo agarra por el pelo para sacarlo del agua. Si te fijas bien, el joven Plácido no mira el rostro de quien lo salva, sino el hábito negro de su salvador.

Después del rescate llega una escena llena de humildad. En la parte superior izquierda, delante de una casa, san Benito y Mauro discuten sobre quién ha realizado realmente el milagro. Benito insiste en que el mérito es de Mauro, porque ha sido él quien ha caminado sobre las aguas. Mauro, en cambio, responde que el milagro pertenece a Benito, pues él no ha hecho más que obedecer su mandato.

Es entonces cuando interviene Plácido —la pequeña figura situada a la izquierda— y pone fin al debate con una frase inesperada: «Cuando me sacaban del agua, el hábito que yo veía no era el de Mauro… era el de san Benito.»

Los monjes benedictinos han visto siempre en este episodio una invitación a huir del orgullo y a vivir desde la humildad.

Si quieres descubrir más escenas fascinantes de la vida de san Benito, introduce el número del cuadro que más llame tu atención… y continúa el viaje.

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