Estación 12 · Renacimiento
12. Retablo de San Miguel Arcángel
- Estilo
- Renacimiento (siglo XVI)
- Imágenes de Jaume Duran
- San Antonio Abad (1940) · San José y el Niño Jesús (1941)
Imagen barroca de san Miguel.
En el año 1552, el abad Pere Despuig encargó este retablo dedicado a san Miguel Arcángel
Durante casi cuatro siglos presidió el ábside izquierdo de la iglesia, el mismo espacio que hoy ocupa el retablo de la Mare de Déu de Tots els Sants.
Después de la Guerra Civil fue trasladado hasta este muro, lo que permitió recuperar la visión de los ábsides románicos de la cabecera del templo.
Este retablo es un magnífico ejemplo del Renacimiento catalán y nos permite apreciar la evolución de los retablos, que con el paso del tiempo fueron haciéndose cada vez más grandes y complejos.
Observa el conjunto. Su estructura recuerda la fachada de una iglesia. Puedes distinguir columnas clásicas, hornacinas con esculturas, molduras y, en la parte superior, un ático enmarcado por dos grandes volutas, un elemento muy característico de la arquitectura renacentista que encontramos en iglesias tan célebres como Santa Maria Novella de Florencia o la iglesia del Gesú de Roma.
Dirije ahora la mirada hacia la calle o franja central del retablo. Todas las escenas están dedicadas a san Miguel Arcángel, el protagonista de esta obra..
En el centro encontramos una amplia hornacina con su imagen. La escultura original se perdió y la que contemplas hoy pertenece a la época barroca. Si te fijas, es un poco pequeña para las dimensiones del nicho que la alberga.
En la parte más alta del retablo se representa una de las escenas más impresionantes de la Biblia: la batalla en el cielo descrita en el libro del Apocalipsis. San Miguel, empuñando una lanza, derrota a Satanás, que cae vencido entre las llamas. A ambos lados, dos ángeles armados con espadas de fuego continúan combatiendo al resto de demonios.
Para los monjes benedictinos, esta batalla no era únicamente algo del pasado. Simbolizaba el combate interior que toda persona experimenta: la lucha entre el bien y el mal, entre la fidelidad y la tentación.
Por este motivo, en el lado derecho del retablo, aparecen tres escenas de la vida de san Benito que ilustran este combate espiritual. Una de las más conocidas muestra el momento en que se arroja sobre un zarzal para vencer la tentación de la carne.
En otra escena lo vemos retirado para orar en una cueva de Subiaco. Allí, un monje le hace llegar el alimento en una cesta. Según la tradición, el demonio, intentando impedir esa ayuda, lanza una piedra que rompe la pequeña campana que avisaba a Benito de la llegada de la comida.
En el lado izquierdo se representan diversos episodios de la vida de san Plácido, que murió mártir por fidelidad a Jesús.
Contempla ahora este retablo, que nos recuerda que la lucha espiritual forma parte de toda existencia humana. No es un combate contra otras personas, sino contra todo aquello que nos aleja del bien, de la verdad y del amor.
San Miguel sigue siendo, todavía hoy, uno de nuestros grandes intercesores en la lucha contra las tentaciones, para que el mal no tenga la última palabra.