Estación 15 · Gótico
15. El Rosetón del monasterio
- Estilo
- Gótico
- Diámetro
- 8,2 metros
Dirije ahora la mirada hacia el gran rosetón de la fachada.
Con más de ocho metros de diámetro, es uno de los elementos que más destacan de la arquitectura del monasterio y un verdadero símbolo de identidad del pueblo de Sant Cugat.
Los rosetones pueden contemplarse tanto desde el exterior como desde el interior.
Si lo observamos desde fuera, es probablemente el elemento que llama más nuestra atención cuando nos acercamos al Monasterio, ya que parece un gran diamante incrustado en la fachada de la iglesia. Pero cuando lo contemplamos desde el interior, se convierte en una auténtica joya de luz. La luz del sol atraviesa sus vidrieras y va tiñendo el espacio de tonalidades cambiantes, creando una atmósfera de gran serenidad y espiritualidad.
Un rosetón no es simplemente una ventana circular: es el resultado de la unión de tres disciplinas artísticas: la arquitectura, la escultura y el arte de las vidrieras.
La estructura interna de los rosetones es una auténtica filigrana de piedra, que adopta formas geométricas muy complejas, entrelazadas con una extraordinaria simetría y precisión. Pero esta tracería de piedra no es solo decorativa: es el esqueleto que sostiene las vidrieras que ocupan los espacios que deja libres la piedra. Estos cristales de colores son las piezas con las que el artista compone imágenes religiosas o complejas estructuras geométricas. Cuando la luz los atraviesa, el rosetón resplandece con una multitud de colores, creando un efecto que cautiva nuestro corazón.
Observa ahora con atención su estructura básica. En el centro hay un círculo con seis lóbulos en forma de flor, del que parten doce grandes nervios que se abren como los pétalos de una flor. Estos pétalos descansan sobre una corona exterior formada por veinticuatro triángulos curvilíneos. .
El rosetón de Sant Cugat es el cuarto más grande de Cataluña y tiene una forma muy similar a la de uno de los grandes rosetones de Notre-Dame de París.
Se terminó en el año 1343, en plena época gótica. Por desgracia, las vidrieras originales no han llegado hasta nuestros días. En 1428, el terremoto de la Candelaria destruyó una parte importante. Pero no fue la única causa de su deterioro: las vicisitudes históricas y la fragilidad del vidrio hicieron necesarias diversas reparaciones y sustituciones a lo largo de los siglos. Los vidrios que contemplas hoy son, en buena parte, fruto de la importante restauración que se llevó a cabo en el año 1979.
Un hecho que sorprende es que, a diferencia de muchos otros rosetones medievales, el nuestro no está ornamentado con imágenes de la Virgen María ni con otros personajes bíblicos. Su decoración está formada exclusivamente por motivos geométricos.
Si observas las vidrieras con detenimiento, descubrirás numerosas estrellas de diferentes colores, como si estuvieras ante una noche de cielo estrellado. Fíjate ahora en los colores… Como puedes apreciar, predominan los azules y violetas, con algunos toques de verde esmeralda. Esta elección cromática ayuda a crear una atmósfera serena que evoca el misterio de Dios.
Pero este no es el único rosetón del Monasterio. A derecha e izquierda del gran rosetón encontramos otros dos de tamaño mediano. Durante mucho tiempo estuvieron tapiados con ladrillos, pero en 1944 se instalaron nuevas vidrieras, que son las que puedes contemplar hoy. Están realizadas en estilo neogótico y, a diferencia del gran rosetón central, son totalmente figurativas.
Desde donde te encuentras cuesta un poco ver las escenas, pero si las buscas en la galería de imágenes de la audioguía, te sorprenderá su belleza y podrás reconocer diversos episodios de la infancia y de la Pasión de Jesús.
Pero todavía nos quedan seis pequeños rosetones más por descubrir. Los encontrarás si te sitúas en la nave central y miras las aberturas laterales.
Así, lo que a primera vista podría parecer simplemente una gran ventana se revela como una una auténtica sinfonía de piedra, vidrio, color y luz.