Estación 14 · Contemporáneo

14. Cristo de Vasconcel

Estilo
Contemporáneo
Año
1942
Autor
Robert Chauveau de Vasconcel (1886–1965), discípulo de Auguste Rodin

Te encuentras ante un Cristo muy especial, una obra creada en 1942 por el escultor Robert Vasconcel.

Vasconcel fue amigo y discípulo del gran escultor francés Auguste Rodin, autor de El pensador.

Como su maestro, Vasconcel perseguía en sus obras un objetivo muy concreto: hacer visibles los sentimientos más profundos del alma humana a través de la materia. En este caso, mediante una talla realizada en madera maciza.

Contempla este Cristo con calma. No es un Cristo muerto, sino un Cristo vivo , con los ojos abiertos, que eleva la mirada hacia el cielo en un gesto de plena confianza. Evoca aquel instante previo a expirar, cuando se dirige al Padre diciendo: «En tus manos encomiendo mi espíritu».

Y, sin embargo, esa misma mirada no resulta lejana. Es una mirada sorprendentemente cercana, como si estuviera atenta al sufrimiento de cada una de las personas que rezan ante él. Una mirada que no rehúye el dolor, sino que lo acompaña.

A pesar del sufrimiento en la cruz, Jesús muestra una expresión serena. Si te fijas bien, verás que las vetas naturales de la madera forman una especie de lágrima que desciende desde sus ojos, un detalle conmovedor que acentúa la humanidad de Jesús de Nazaret.

Un llanto, el de Jesús, que los Evangelios relatan en distintos momentos de su vida, como cuando muere su amigo Lázaro.

También sus manos hablan. Una aparece completamente abierta, en actitud de acogida de la voluntad de Dios, evocando esa disposición que permanece incluso en los momentos más difíciles, como cuando ora en Getsemaní y dice al Padre: «No se haga mi voluntad, sino la tuya». La otra mano señala hacia el cielo, recordándonos que toda cruz está llamada a transformarse en resurrección..

Cada Viernes Santo, esta imagen sale al exterior para encabezar el Vía Crucis por las calles de Sant Cugat. Se trata de una celebración de profunda oración y, al mismo tiempo, de gran fuerza visual, tanto por la cantidad de personas que participan como por las dimensiones de la cruz, a manos de los portantes del monasterio.

Si observas el entorno de esta imagen, verás con frecuencia numerosas velas encendidas..

No es casualidad.

Este Cristo es profundamente querido por los habitantes de Sant Cugat. Muchas personas acuden aquí para rezar, especialmente en los momentos más difíciles de la vida, porque encuentran consuelo en los sentimientos que transmite de cercanía, comprensión y esperanza.

Porque, en el fondo, esta imagen nos comunica un mensaje muy claro: la cruz no tiene la última palabra; la tiene la vida nueva. Con esta talla, Vasconcel nos invita a mantener la esperanza en medio de cualquier dificultad.

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