Estación 04 · Barroco

4. Capilla de San Benito

Escultores Santacruz y Sala · Pintores Savall, Layga y Grau · 1675–1735

Uno de los exponentes más bellos del barroco catalán del monasterio.

Te encuentras en la capilla de San Benito de Nursia. Este lugar representa uno de los máximos exponentes del barroco catalán y es la capilla más ornamentada del monasterio.

El espacio está concebido como una unidad orgánica, viva y envolvente: el retablo, las paredes y la cúpula forman un único conjunto en el que prácticamente no hay ningún rincón sin decorar. Esta abundancia de elementos no es casual —quiere expresar la riqueza y la fecundidad de la vida de san Benito.

Dirige ahora tu mirada hacia el centro del retablo. En el interior de la hornacina encontrarás la imagen de san Benito, el protagonista de esta capilla. Quizás te sorprenda que la escultura sea demasiado pequeña. Es cierto. La original era más grande, pero desapareció en 1936 y fue sustituida por la que estás viendo.

San Benito vivió entre los siglos quinto y sexto y fue el fundador de la orden benedictina. Durante casi mil años, una comunidad de monjes benedictinos vivió aquí, en este Monasterio. Por este motivo, es el santo más presente en esta iglesia, con más de veinte representaciones y cuadros dedicados a él.

Su regla —con el famoso ora et labora, reza y trabaja— ha tenido un gran impacto no solo en la vida religiosa sino también en la sociedad.

Esta capilla quiere mostrar la estela de san Benito a lo largo de los siglos.

El santo es el epicentro de una onda expansiva de bondad que atraviesa los siglos.

Benito fue una pequeña semilla como la de la mostaza que se convirtió en un árbol inmenso cargado de frutos.

Esta idea se refleja en todo el retablo. Si te fijas, encontrarás catorce ángeles de grandes dimensiones: ocho de ellos llevan cirios, que simbolizan la luz que Benito trajo al mundo, y otros seis tocan instrumentos de cuerda, como una alabanza a su obra.

Alrededor de san Benito aparecen las imágenes de cinco destacados santos de la orden benedictina, fundadores de importantes congregaciones. Así, encontramos a san Guillermo; también a san Roberto de Molesme —fundador de los monjes cistercienses— y a san Romualdo —fundador de la Camáldula—. Incluso encontramos al papa san Celestino quinto, conocido por haber renunciado al pontificado —un gesto insólito en aquella época.

Entre los elementos del retablo también podrás ver escudos de órdenes de caballería, cuyos reglamentos estaban inspirados en la regla benedictina. Es otra muestra de cómo la influencia de san Benito llegó también al ámbito civil.

Y ahora, levanta la mirada hacia la cúpula. En el centro puedes ver al Espíritu Santo en forma de paloma. A su alrededor, una corona de ocho santas benedictinas, nos recuerda que este camino espiritual también lo han vivido muchas mujeres a lo largo de los siglos. El resto de la cúpula está llena de pinturas de papas y santos benedictinos muy influyentes en la vida de la Iglesia.

Tómate un momento para sumergirte en este espacio… y observa cómo todo aquí parece girar en torno a una misma idea: la de una vida que, desde la sencillez, ha sido abundante en frutos y ha dejado una inmensa huella en nuestra historia.

En este espacio

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