Estación 24 · Barroco
24. Un demonio rompe la campanilla
Al principio de su vida religiosa, Benito vivió durante tres años completamente solo en una cueva, dedicado a la lectura de la Palabra de Dios y a la oración.
Fíjate en un detalle curioso: el artista lo ha representado con el pelo largo. En el resto de las pinturas siempre lo verás con el pelo de la parte superior de la cabeza afeitado, como era costumbre entre los monjes.
Solo una persona sabía dónde se escondía. Era Román, un monje de un monasterio cercano, que le llevaba la comida.
Mira ahora la parte superior del cuadro. Allí encontrarás a Román. Como la cueva era de difícil acceso, hacía bajar los alimentos con una cesta atada a una larga cuerda. En la cesta había también una pequeña campana. Cuando Benito oía su tintineo, sabía que Román le estaba haciendo llegar la comida.
Ahora baja la mirada hasta Benito. Está sentado en el interior de la cueva, completamente absorto en la lectura de un libro. Pero en ese momento levanta la cabeza: acaba de oír la campanilla.
Y es aquí donde sucede algo sorprendente.
Fíjate en la parte superior izquierda de la pintura. Allí descubrirás la figura de un demonio. El papa Gregorio explica que, envidioso de la caridad de uno y de la perfección del otro, el demonio lanzó una piedra contra la campanilla y la rompió.
El artista ha querido representar con todo detalle este instante. Busca la piedra: todavía puedes verla volando. Y, si observas atentamente la campanilla, descubrirás que está rota. Incluso puedes distinguir el badajo y el fragmento que se ha desprendido de él.
Es casi como si el pintor hubiera congelado un instante de la historia para que nosotros, siglos después, pudiéramos descubrir todos los detalles.
Pero el relato esconde también un mensaje. El demonio consigue romper la campana, pero no consigue romper aquello que unía a aquellos dos hombres: la caridad de Román y la fidelidad de Benito a su vida de oración.