Estación 25 · Barroco
25. Unos monjes quieren envenenar a san Benito
En este cuadro encontramos una escena digna de una novela policíaca: un intento de asesinato con una copa de vino envenenado.
Benito, aunque todavía era muy joven, ya había adquirido fama de santidad. Por eso, cuando murió el abad de un monasterio cercano, los monjes le pidieron insistentemente que ocupara su lugar.
Benito se resistía. Conocía aquella comunidad y sabía que los monjes vivían la vida monástica de forma bastante relajada. Les advirtió que, si se convertía en su abad, les exigiría una vida mucho más rigurosa. Pero insistieron tanto que, finalmente, Benito aceptó.
No tardaron en surgir los conflictos. Las exigencias del nuevo abad crearon una tensión cada vez mayor, hasta que algunos monjes decidieron deshacerse de él. Y prepararon un plan: envenenar el vino que le servirían en la mesa.
Observemos ahora el cuadro, porque el artista nos sitúa exactamente en la escena del crimen.
Nos encontramos en el comedor de los monjes. En el extremo izquierdo, san Benito preside la mesa. Al otro lado del cuadro aparecen dos monjes que sirven la comida: uno lleva una bandeja con fruta y otro lleva una copa con el vino envenenado.
Fíjate en los monjes sentados a la mesa. Sus miradas los delatan. Algunos observan a Benito; otros miran a los que sirven. Todos parecen pendientes de lo mismo: ¿qué pasará cuando el abad beba de aquella copa?
Mira también sus manos. Los gestos de los monjes transmiten agitación y nerviosismo. En cambio, Benito está sereno.
Fíjate ahora en su mano derecha. Antes de beber, Benito hace la señal de la cruz sobre la copa.
Y, de repente, sucede algo extraordinario.
La copa de vino se rompe. Gregorio Magno explica que la copa estalló como si, en lugar de recibir la señal de la cruz, hubiera recibido el impacto de una piedra.
El plan ha fracasado. Benito se da cuenta de que aquel vino estaba envenenado y de que sus propios monjes habían intentado matarlo.
Pero su reacción es sorprendente. No busca venganza ni castiga a los culpables. Simplemente decide marcharse. Regresa a la soledad que había abandonado para aceptar el cargo de abad.
Pero la historia no termina aquí.
Fíjate en la ventana que hay encima de los monjes. Es un recurso pictórico que el artista utiliza para mostrarnos lo que sucedió después.
En nuestra pintura cuesta distinguirlo, pero en el grabado de Aliprando Caprioli que sirvió de modelo a nuestro pintor se puede apreciar muy bien. Lo encontrarás en la galería de imágenes. Verás a Benito regresando de nuevo a la cueva. Pero esta vez no estará solo, porque se le unen unos monjes que sí quieren aprender de él y vivir bajo su guía.
Gregorio Magno explica que, con aquellos nuevos discípulos, Benito llegó a fundar doce monasterios.
¡Qué contraste tan sorprendente! Los que no querían cambiar su corazón intentan expulsar a Benito de sus vidas; en cambio, los que sí desean transformar su vida empiezan a buscarlo. Lo que parecía el fracaso de Benito como abad acabará convirtiéndose en el inicio de una fecundidad extraordinaria.