Estación 26 · Barroco

26. La envidia de Florencio

La fama de santidad de Benito y los elogios que recibía despertaron la envidia de Florencio, un sacerdote que vivía cerca de su monasterio. Poco a poco, aquella envidia fue creciendo hasta tal punto que la presencia de Benito se le hizo insoportable.

Gregorio Magno nos cuenta que Florencio intentó atacar a Benito y a su comunidad de dos maneras.

Primero, le envió un pan envenenado.

Benito descubrió el engaño y llamó a un cuervo que solía visitarlo cada día para comer un trozo de pan de sus manos.

Le ordenó que cogiera aquel pan envenenado y lo arrojara en algún lugar del bosque donde nadie pudiera encontrarlo.

Fíjate en la parte inferior derecha del cuadro. Allí verás representado a este pequeño cuervo negro. Ahora ya sabes por qué este pájaro aparece a menudo en las representaciones de san Benito.

Al ver que su primer intento había fracasado, Florencio no se dio por vencido y preparó un segundo ataque, esta vez dirigido contra toda la comunidad. Envió a siete muchachas para que bailaran desnudas delante del Monasterio, con la intención de tentarlos y perturbar la vida de la comunidad.

Benito comprende entonces que se ha creado a su alrededor un ambiente demasiado hostil. Y toma una decisión sorprendente: no se enfrenta a Florencio. Se marcha.

Miremos ahora el cuadro, porque el artista representa precisamente el momento de su partida.

En la parte inferior vemos a Benito, con el bastón en la mano, abandonando aquel lugar y emprendiendo el camino que lo llevará hasta Montecassino.

Y mientras Benito se marcha, ocurre una desgracia.

Florencio, contento porque finalmente se había librado de él, se encontraba en la terraza de su casa cuando, de repente, la estructura se derrumba y Florencio muere bajo los escombros.

Fíjate en la parte superior izquierda del cuadro. El artista nos cuenta la escena casi como si fuera un cómic: entre los restos del edificio que se derrumba puedes ver la figura oscura de Florencio precipitándose al vacío.

Ahora vuelve a mirar a Benito. A su izquierda hay un monje que llega corriendo y le señala lo que acaba de suceder. Viene a comunicarle la muerte de su enemigo.

Podríamos esperar que Benito se alegrara. Pero ocurre exactamente lo contrario.

Gregorio Magno explica que Benito se entristeció mucho por el final trágico de Florencio, y que le disgustó que el monje se alegrara por la muerte de su enemigo.

Pero, a pesar del cambio de panorama, Benito no regresa y continúa su viaje hasta Montecassino, donde fundará uno de los monasterios más famosos de toda Europa.

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