Estación 27 · Barroco
27. Los demonios huyen de Montecassino
San Benito abandona Subiaco y emprende un nuevo camino que lo lleva hasta la montaña de Montecassino. Sin embargo, su llegada provocó una auténtica conmoción en el lugar.
Mira el gran edificio que domina el cuadro. Es un templo dedicado al dios pagano Apolo. Delante de él hay una columna que empieza a romperse. Sobre ella había estado la imagen de un ídolo.
Fíjate ahora en la parte izquierda. Allí vemos a Benito, al frente de un grupo de monjes que han venido con él hasta Montecassino. Observa cómo los representa el artista: no entran por la fuerza. Están de rodillas, rezando.
Y, sin embargo, a su alrededor, parece que todo empiece a temblar.
La columna se rompe. El templo se llena de grietas. Y, en la parte superior del cuadro, una multitud de demonios con alas, cuernos y largas colas huyen precipitadamente del templo.
El pintor ha convertido así la llegada de Benito en una auténtica batalla espiritual. Pero es una batalla sorprendentemente silenciosa: ante la agitación de los demonios, Benito y sus monjes simplemente rezan.
Mira de nuevo las grietas del templo. El pintor parece querer decirnos que aquel mundo antiguo empieza a desmoronarse. La presencia del ídolo que había dominado la montaña cede ante una nueva presencia.
Pero los demonios no se marchan en silencio.
El papa Gregorio explica que Benito oía al demonio llamándolo repetidamente:
«¡Benito! ¡Benito!»
Pero el Santo no le hacía ningún caso.
Y entonces, el demonio continuaba sus ataques diciéndole:
«¡Maldito, no bendito! ¿Qué tienes contra mí?» Y es que el nombre de Benito, Benedictus, significa precisamente «bendito de Dios», y el demonio quería lo contrario.
Contempla ahora el conjunto una última vez. Arriba, los demonios gritan y huyen; el templo se agrieta y la antigua columna cae. Abajo, en cambio, Benito permanece sereno, arrodillado, rezando.
El artista parece haber concentrado aquí toda la fuerza de la escena: el mal hace ruido, se agita y amenaza; Benito no responde al mal. Sencillamente, reza.
Y será precisamente en este lugar donde el mal fue vencido donde comenzará a crecer Montecassino, el monasterio que se convertirá en uno de los grandes centros espirituales de la tradición benedictina y que tendrá un profundo impacto en toda Europa.