Estación 28 · Barroco

28. La muerte de San Benito

Este cuadro nos habla de los sorprendentes acontecimientos que acompañaron la muerte de san Benito.

El Santo había recibido la revelación del día de su muerte y se lo había comunicado a sus monjes.

Seis días antes de la fecha anunciada, enfermó gravemente. Tuvo unas fiebres muy fuertes y su cuerpo se fue debilitando. Cuando llegó el día señalado, pidió que lo llevaran hasta la capilla. Allí recibió, por última vez, el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Esta pintura representa el momento inmediatamente posterior.

Fíjate en la figura de san Benito. Es el personaje más alto de toda la composición, situado en el centro izquierdo. Dos monjes lo sostienen mientras él, con los brazos abiertos en actitud de entrega, ofrece su vida a Dios y exhala su último aliento.

Si observas atentamente su boca, descubrirás un pequeño rayo de luz que se eleva hacia el cielo. Es una manera simbólica de representar su alma, que abandona este mundo para ir al encuentro del Señor.

Mientras tanto, en la parte inferior del cuadro, los monjes lloran la muerte de su padre y maestro.

Pero su biógrafo nos habla de un hecho maravilloso que sucedió en el momento de su muerte.

Dos monjes que vivían en otro monasterio tuvieron una visión idéntica, que es la que nuestro pintor ha querido representar en la parte superior del cuadro.

Contemplaron un camino resplandeciente que unía la celda de san Benito con el cielo. Entonces un ángel les dijo: «Este es el camino por el que Benito, el amado del Señor, ha subido al cielo.»

Si miras con atención, descubrirás esta misma frase escrita en latín sobre la cinta que sostienen los dos ángeles.

Para todo cristiano, esta visión es un signo de esperanza: la muerte no es el final del camino, sino el comienzo del encuentro definitivo con Dios. Por eso, el último gesto de san Benito no es de miedo, sino de abandono confiado en aquel a quien había dedicado toda su vida.

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