Estación 09 · Románico · gótico
9. Presbiterio y Ábside
- Estilo
- Románico, gótico y neoclásico
- Altar mayor
- piedra del siglo XIV
- San Cucufate
- talla en piedra de Enric Monjo (1942)
- Balaustrada
- neoclásica (1798)
Contempla la cabecera de la iglesia. Ante ti se abre el ábside principal. Aquí se encuentra el altar mayor, considerado el más grande de Cataluña. Es el sitio en el que tiene lugar la acción más sagrada del templo. Por eso, toda la arquitectura del edificio converge hacia este punto central.
El ábside fue construido hacia el año 1150, en plena época románica. En ese momento no existía el gran ventanal que hoy ilumina este espacio. En su lugar había una ventana mucho más pequeña, similar a las que todavía puedes ver en los laterales..
Hoy contemplamos la belleza de la piedra vista, pero los hombres y mujeres del Románico no veían este ábside como nosotros. Para ellos, la piedra era como el lienzo de un pintor. Todo este espacio estaba decorado con pinturas al fresco que transformaban el ábside en una representación de la Jerusalén celestial.
En el centro de esta gran pintura, muy probablemente, se encontraba representado Cristo resucitado como Pantocrátor, presidiendo la celebración de la Eucaristía.
Ahora dirige la mirada hacia la parte superior del ábside. Los siete nervios que lo estructuran se reúnen en un semicírculo. Este gesto arquitectónico simboliza lo que sucede durante la Misa: que el cielo se abre y el Espíritu de Dios desciende sobre el pan y el vino para transformarlos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Nuestra iglesia quedó concluida hacia el año 1350, cuando el gusto artístico ya había evolucionado hacia el Gótico. La nueva arquitectura buscaba edificios luminosos, en los que la piedra resplandeciera, pues la luz se entendía como un reflejo de la presencia de Dios. Por ello, los muros dejaron de ser grandes superficies pintadas para abrirse a enormes ventanales. De este modo, todo el interior del templo se transforma en un espacio lleno de luz, imagen de la Iglesia celestial.
Por este motivo, los monjes reformaron de forma drástica el ábside abriendo el inmenso ventanal gótico que contemplas ahora. Si observas las piedras que lo rodean, podrás ver todavía las huellas de aquella intervención.
La vidriera actual, realizada en la década de 1940, representa a san Pedro Apóstol, patrón de esta parroquia, predicando a sus discípulos. En la parte superior puedes reconocer sus atributos como primer Papa: la tiara y las llaves.
A comienzos del siglo XVI, este ábside volvió a experimentar una nueva transformación. El pintor renacentista Áine Brú creó un inmenso retablo que presidió este altar durante más de cuatrocientos años, hasta su destrucción, durante la Guerra Civil.
Finalmente, en 1942, el escultor Enríc Monjo realizó la imagen de san Cugat que hoy preside el altar mayor.
San Cugat es el primer mártir conocido de la Iglesia de Barcelona. Durante siglos fue también patrón de la ciudad condal y, tras la Reconquista, sus reliquias fueron trasladadas a este monasterio, donde se conservan desde entonces, convirtiéndolo en el principal lugar de su memoria.
Cuando contemples este espacio, piensa que ante ti se superponen casi novecientos años de historia. El Románico, el Gótico, el Renacimiento y el arte contemporáneo conviven en un mismo ábside, testimonio de las generaciones que, siglo tras siglo, han querido embellecer este lugar central de la iglesia.