Estación 32 · Barroco
32. Historias de San Benito
En la parte inferior del retablo de Santa Escolástica encontramos cuatro bajorrelieves que representan cuatro episodios de la vida de san Benito. De este modo, se quiere mostrar visualmente que las raíces de la vida de santa Escolástica se hunden en el testimonio y la espiritualidad de su hermano Benito.
Comencemos por el bajorrelieve que tienes más a la derecha.
San Benito es todavía un adolescente. Su padre lo ha enviado a estudiar a Roma acompañado de su nodriza, la mujer que lo ha cuidado desde pequeño. Pero el ambiente que encuentra en la ciudad no le gusta en absoluto y decide retirarse a vivir en un lugar solitario.
Llegan a Enfide, un pueblo al sur de Roma. Allí, su nodriza pide a unas mujeres que le presten un cedazo para preparar el grano. El cedazo es de barro y, accidentalmente, se le cae al suelo y se rompe en dos pedazos.
Benito la ve llorar y se pone a rezar. Fíjate en el rayo de luz que desciende del cielo: su oración es escuchada y, milagrosamente, el cedazo queda entero, como si nunca se hubiera roto.
Según el relato de Gregorio Magno, este es el primer milagro de Benito.
Vamos ahora hasta el extremo izquierdo, para continuar recorriendo la vida de san Benito en orden cronológico.
Benito experimenta una fuerte tentación de la carne. Fíjate en la parte derecha de la escena: hay un demonio, con bigote y orejas de asno, que le envía la tentación. A su lado aparece una mujer desnuda que extiende la mano hacia un árbol, en una clara evocación de Eva extendiendo la mano hacia el fruto prohibido.
Pero Benito reacciona con firmeza para no caer en la tentación: se desnuda y se lanza en medio de unos zarzales llenos de espinas.
Nuestra obra representa el momento en que Benito ya ha superado la prueba. Su rostro está sereno y una palma dorada cubre su cuerpo, signo de la victoria y de la fortaleza de los mártires. Arriba, un nuevo rayo de luz que desciende del cielo expresa la aprobación divina.
Desplaza ahora la mirada una escena hacia la derecha.
Verás a un rey coronado que se inclina ante Benito. Es Tótila, rey de los ostrogodos.
Tótila había querido poner a prueba a Benito enviándole a uno de sus hombres disfrazado de rey, haciéndose pasar por él. Pero Benito descubrió el engaño de inmediato. Ahora es el propio Tótila quien se presenta ante el santo y se inclina a sus pies para pedirle perdón.
Fíjate en los gestos. Benito lo señala con una mano y, con la otra, parece indicarle el suelo. Gregorio Magno explica que Benito le reprochó el mal que había hecho y le pidió que cambiara de vida.
Pero observa un detalle curioso al fondo de la escena: un caballo encabritado que el rey intenta sujetar. Este caballo no aparece en el relato de Gregorio. Quizá el artista lo introdujo para representar el carácter del propio Tótila: un hombre poderoso, violento y difícil de dominar, como aquel animal desbocado.
Gregorio explica que, después del encuentro con Benito, Tótila reformó un poco su vida y, desde aquel momento, «fue menos cruel».
Ahora desplázate un poco hacia la derecha para contemplar el cuarto episodio.
A la derecha vemos a un padre que llega a las puertas del monasterio llevando a su hijo pequeño, que acaba de morir. Desesperado, busca a Benito.
Pero fíjate ahora en la parte izquierda. Benito no está en el monasterio: está trabajando en el campo. En una de las imágenes lo vemos con la azada al hombro después de terminar el trabajo; al lado aparece también un monje con un libro, dedicado a la oración.
En estas dos pequeñas figuras podemos ver resumido visualmente el famoso ideal benedictino: «ora et labora», reza y trabaja.
Cuando Benito vuelve al monasterio, se encuentra con aquel padre que le suplica que resucite a su hijo. Benito responde que le está pidiendo algo extraordinario, propio de los apóstoles.
Pero finalmente se arrodilla y reza.
Este es precisamente el momento que representa el bajorrelieve . El niño resucita y vuelve a la vida. Fíjate en sus manos: con una se apoya en el suelo, como si comenzara a incorporarse; y con la otra señala hacia el cielo, indicando de dónde procede el milagro.
Contempla ahora los cuatro bajorrelieves en conjunto. En muy poco espacio, el artista ha resumido todo un camino: un joven que aprende a confiar en la oración, un hombre que lucha contra sus propias tentaciones, un abad capaz de hablar con libertad ante un rey y, finalmente, un monje que alterna el trabajo y la oración y pone toda su confianza en Dios.
Y es precisamente sobre esta manera de vivir que, por encima de estas cuatro escenas, se eleva la figura de santa Escolástica.